7 oct 2013

Érase una vez una casa

A unos les inspirará miedo, a otros les transmitirá tranquilidad, pero nadie se quedará indiferente al contemplar esta serie de imágenes que el fotógrafo finés Kai Fagerström (Salo, Finlandia, 1964) realizó en los alrededores de su casa familiar de verano, situada en su ciudad natal, donde los bosques están poblados por viviendas abandonadas. Sus habitantes murieron ya o se marcharon a vivir a otra parte, y sin perder mucho tiempo, la naturaleza ha ido reconquistando esos espacios alterados artificialmente por la mano del hombre. 

Pequeños animales salvajes, las criaturas que nunca abandonaron los bosques, se mudaron a esas viviendas que ahora han adoptado como parte de su hábitat. La serie de fotografías se titula "Once upon a home", un reportaje que Fagerström publicó en el National Geographic Magazine en 2012 y que puede verse en la página web del fotógrafo. Un poco tenebrosas, oníricas, bañadas por la luz del olvido, las fotografías también muestran cómo la vida es capaz de adaptarse a cualquier entorno por ajeno que pudiera parecer de entrada a sus nuevos pobladores. Ardillas, lechuzas, roedores, zorros, tejones..., se asoman por puertas desvencijadas y ventanas de cristales  rotos convirtiendo la desolación natural de una casa abandonada en un espectáculo enternecedor  a veces, casi cómico otras, pero también melancólico, y en ocasiones un poco siniestro. Kai Fagerström fue ganador del concurso  BBC Wildlife Photographer of the Year en 2010 y 2012, y afirma que "entrar en estas casas es como retroceder en el tiempo... El pasado se ha quedado detenido en sus esquinas". Sin embargo, también le consuela la idea de que la naturaleza reclame los lugares que dejó prestados al hombre y recupere su dominio sobre ellos.

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